El uniforme infantil

Profr. Agustín Rivas Rochín G.
Había concluido el Torneo Infantil en Costa Rica, se integró una selección con los mejores jugadores de los equipos participantes… el encargado de este nuevo equipo sería Raúl Ávila Ortiz, quien había sido el presidente de la liga donde habíamos participado.
La mayoría de la selección estaba integrada por jugadores del equipo de «Nevería El Cisne», el «Barrio de La Ceiba», junto a otros de la «Colonia Juárez», «Centro», «Las Carpas», «Impulsora» y la «Colonia Cañitas».
Entrenábamos martes y jueves en el estadio «Alejandro Torres», éramos más de treinta los invitados… al final serían veinte los elegidos que se registrarían ante la liga.
En la liga infantil de Culiacán había equipos muy competitivos, integrados por chamacos muy buenos, con experiencia, por esa razón se tenía que armar un equipo con los mejores jugadores para no hacer quedar mal el nombre del pueblo que íbamos a representar.
Un mes con duros entrenamiento se fue muy rápido y así llegó el ultimo día, un jueves recuerdo bien… concluimos la sesión de entrenamiento, Raúl, pidió se armaran dos equipos y jugáramos un partidito, solo en media cancha, las dimensiones del estadio eran de 110 metros por 100 metros, el más grande en todo el estado de Sinaloa.
Concluyó el partidito, Raúl, pidió que fuéramos al centro de la cancha, nos sentáramos en círculo, obedecimos como soldaditos de plomo, había una sensación de ansia y nervio por saber quiénes quedarían en la lista definitiva para componer el equipo: agradeció a todos el que hayamos aceptado la invitación para presentarnos a los entrenamientos…
«Son muchos, tienen calidad y eso es bueno para sacar veinte representantes del fútbol infantil del pueblo, creo que es tiempo de dar una lista donde se conozca quienes serán los elegidos. Aquí traigo la lista», dijo.
El primer equipo en participar en un torneo municipal en Culiacán, empezó a leer… Ahí estaban Salvador Valles, Pablo Camarena, Javier Uribe, Enrique Valles, Walter Abraham Elías Gutiérrez, Manuel Cárdenas, Refugio Vega Lugo, José Manuel Salazar, José Antonio Chávez, Javier y Víctor Mony Hermosillo, Sergio Ontiveros, José Guadalupe Rochín y quien esto escribe (Nevería El Cisne), José Sedano (Centro), Marcelo Sainz, Daniel Beltrán (Impulsora), José Luís y Antonio Domínguez, Erasmo Valenzuela, Joaquín Félix (Barrio del Estadio),
Ya estaba la lista de los jugadores, Raúl, invitó a una reunión en casa de Pilín a las nueve de la mañana del sábado para ver lo de los uniformes. Nos preguntó ¿cómo quieren que le pongamos al equipo?… En coro contestamos Costa Rica.
Nos dijo que fuéramos a tomar las fotografías con el conocido retratista Jesús «el Güero» Martínez ahí en su casa, nos pidió acudiéramos bien vestidos, bien peinados, envaselinados… el único que fue así fue Joaquín Kin Félix, a quien se le quedó el sobrenombre de «el Vaselinas».
Concluyó la reunión, solo nos quedamos Víctor Manuel «Mony»Hermosillo, Miguel Ángel y Sergio Ontiveros, José Antonio Chávez y yo, platicamos de fútbol, del equipo al que llegamos, de lo que necesitábamos, en la plática apareció el tema de cómo ayudar para conseguir lo que faltaba, no teníamos dinero, pero si teníamos valor para presentarnos ante la gente mayor para que nos ayudara, se nos ocurrió visitar a la señora Delia Gutiérrez y pedirle su apoyo económico y nos comprara el uniforme que consistía en una playera, un pantaloncillo corto y unas medias, nos propusimos visitarle el día domingo, pensamos que entre más pronto mejor.
Llegó el domingo, fuimos a misa de ocho de la mañana, busqué a mis amigos, de ahí partimos con rumbo a la Ferretería Gutiérrez, ahí por la calle principal, ahí se encontraba la señora Delia , ahí vamos contando chistes simplones, quizás por los nervios, corto se nos hizo el recorrido, de pronto ahí estamos frente al mostrador del negocio, detrás estaba la señora atendiendo a los clientes, cumplió con ellos enseguida, se dirigió a nosotros, preguntándonos que se nos ofrecía, de entre la bola sale Miguel Ángel «Pilìn» Ontiveros, quien le dice … «Venimos para solicitarle nos ayude para comprar los uniformes del equipo que va a participar en una liga municipal de Culiacán», la señora responde y porque vienen conmigo habiendo otros comerciantes, este negocio y los otros son de toda la familia, no crean que son míos, ¿que es lo que necesitan?, nos dice, -ahí entro yo para decirle somos veinte jugadores y necesitamos veinte playeras, veinte calzoncillos y medias.. y ¿cómo en cuanto saldrá todo eso?, dijo.
«Vengan en tres días, a la mejor ya les tengo noticias… vengan el martes en la tarde a ver qué pasa», señaló…
Llegó el martes, nos tocaba entrenar, esperamos que se fueran los demás compañeros y nos quedamos quienes habíamos ido con la señora Delia y así en ropa de entrenamiento, revolcada, sudada, llena de polvo nos trasladamos hacia su domicilio.
Llegamos ansiosos, la señora Delia, estaba sentada mirando una novela en un televisor que estaba sobre un escritorio metálico, nos miró, nos llamó, de inmediato nos preguntó ¿cuantos uniformes me dijeron que necesitan?, veinte le dijimos casi a coro,
¿Y para cuando lo necesitan muchachos? Le dijimos para el sábado en la mañana antes de las ocho, si conseguimos los uniformes porque si no se puede pues no podremos participar. -¿Cómo está eso?-
Así es señora Delia, si no llevamos uniformes no nos dejan jugar. La señora Delia, tan atenta como siempre, nos dice buscaré a Walter para que los lleve mañana con la costurera y les tome medidas sobre los uniformes, pero quiero que sean chamacos bien portados, con buenas calificaciones, vayan a misa todos los domingos a las ocho de la mañana, el padre Javier Llamas me hará una lista de quienes vayan.
Aceptamos la propuesta que nos hizo. Dimos las gracias, regresamos a casa sonrientes. Nos venimos muy emocionados, y muy agradecidos con la atención de la señora Delia. De la emoción se nos había olvidado hasta el color del uniforme. Entonces la señora Delia nos echó un grito a media calle, preguntándonos de que color queríamos el uniforme, yo me regresé y le dije que igual que el equipo representativo de la Sección 106, igual al del Atlas de Guadalajara,
Llegó el jueves, fuimos a entrenar, calladitos nadie dijo nada de lo que habíamos hecho, cuando Raúl, nos dio unos minutos para descansar y tomar agua, nos quedamos platicando con él (Raúl) y le dijimos lo que habíamos hecho, carajos (su palabra preferida) que buena ayuda para todos sus compañeros, les agradezco lo que hacen, que bueno que no me dejan solo, yo tenía apalabrada a una persona pero salió del pueblo y no se he dejado ver, ya el tiempo de nos vino encima.
Llegó el sábado, día de acudir a la inauguración de la liga, desde temprano, desayuné, fui tomé la bolsa de ixtle donde llevaba mis libros de la escuela, la vacié, ahí eché mis viejos y gastados taquetes, agarré rumbo al árbol de la Ceiba, ahí nos juntaríamos para de ahí partir.
Llegó don Gregorio Domínguez, papá de José Luís y de Antonio, en su camioneta Chevrolet viejona, pero resistente, acompañaba al jefe de compras de la Asociación de Colonos, nos dejaría en el campo y de ahí se iría a realizar las compras que les habían encargado.
Faltaba por llegar Walter, don Goyito, estaba ya calentando el motor, nos fuimos subiendo uno a uno, pensativos por que no habían llegado los uniformes, teníamos que estar media hora antes de la nueve de la mañana para participar en la inauguración; ya la camioneta se movía lentamente, nervios nos agarraron, la cosa no andaba bien, en eso llega un Ford Falcón azul en el venían Mario y Walter, de la cajuela saca un cartón y lo tira arriba de la camioneta, nos dice -ahí les manda Delia-.
Rápido nos fuimos sobre el cartón, lo abrimos, en su interior venían camisas una parte roja y la otra negra, otra bolsa negra, la tomé la rompí como pude, ahí venían las medias de color negro, en el interior otra bolsa negra más grande, esa la agarró Miguel Ángel, el «Mony» le ayudó a rasgarla, su nudo era grande, estaban luchando por abrirla hasta que lo consiguieron y pudieron ver el contenido, ahí venían los calzoncillos(shorts), estos eran de un color verde turquesa, en el fondo de la bolsa había una nota escrita en hoja de cuaderno, la tomé y en ella decía…señora Delia no me alcanzaba la tela negra y me puse a hacerle los chorees en este color, para no quedarle mal.
Imagínense la combinación, pero en realidad nadie se fijó en ello, nadie dijo nada, nadie soltó de su boca una expresión de desagrado, bueno eso digo yo. Se miraban raros mis compañeros.
Raúl, quien iba adelante en la cabina de la camioneta, se asomó para decirnos que nos fuéramos poniendo el uniforme, para en cuanto llegáramos a Culiacán bajarnos de la camioneta a todo lo que da y saltar al terreno de juego; Ya con el uniforme puesto, noté que cada quien tomó las cosas con humor, Daniel Beltrán, se paró enmedio de la camioneta a la altura del Pueblo El Diez y empezó a menearse, modelando el trajecito, !! Como me ven pendejas¡¡ nos dijo a todos los ahí metidos, soltamos la risa, compañera nuestra en las aventuras imberbes sanas.
Llegamos a la capital del estado, el campito del Hospitalito estaba por la avenida, ahora boulevard Emiliano Zapata (está por ahí el Hospital DIF), estaba atestado de chamacos por todos lados, tantos bonitos uniformes, Don Goyito estacionó la camioneta, nos bajamos uno a uno, los organizadores ya estaban esperándonos, ahí nos esperaba una niña solitaria con una pancarta asida con sus dos manos, en ella lucía el nombre COSTA RICA, en letras grandes, resaltantes, bonitas, una persona en el sonido llamaba a los chamacos para que pasaran a formar filas para iniciar el acto de la inauguración.
Para acabarla nos tocó en el medio de todos los equipos, a un lado «Navolato» que lucía una playera muy vistosa, amarilla con vistas verdes en las mangas, igualito a la de Brasil, enseguida «Sastrería Leal» quienes portaban playera azul con una línea amarilla horizontal en el pecho, igual que «Boca Juniors», catorce equipos en total, nuestro uniforme levantaba polémica, algunos nos echaban unas sarcásticas miradas, decían esos se equivocaron de campo, aquí no hay béisbol, ¿de dónde son?
A nosotros poco nos importaba el tipo de uniforme que llevábamos puesto, lo que queríamos era jugar, para demostrar si podíamos competir; un morro se asomaba entre la fila que teníamos hecha, como ridiculizándonos.
Se realizó la rifa de los juegos que se llevarían a cabo esa mañana, nos tocó el numero dos, jugaríamos contra el uno, el equipo de los chamacos que nos estaban haciendo burla. Jugaríamos en el primer juego.
Muy pronto aprendieron la lección, que los uniformes no juegan, los que se juegan son los jugadores y más si son de Costa Rica, Sinaloa. Nomás les metimos 9 goles a 0, y ahí empezó una larga cadena de triunfos, ese año ni un partido perdimos, ganamos todos los juegos.
Al final del torneo quedamos campeones, invictos, con muchos goles a favor y solo cinco en contra.
Aquí empezamos a ganar nuestra bien lograda fama del fútbol en Costa Rica, Sinaloa.

